La Contaminación del Ungüento
- Anita Pizarro
- 4 oct 2025
- 4 min de lectura

El crepúsculo teñía de naranja el pequeño taller de Maomao, un espacio que olía a una mezcla embriagadora de hierbas secas, tierra húmeda y la leve acidez de un vinagre medicinal. Sentada en su taburete bajo la luz de un farol de papel, machacaba meticulosamente unas hojas verdes en un mortero de piedra. Su expresión concentrada, con un ligero ceño fruncido y sus ojos azules fijos en la tarea, era la de una científica enfrascada en su laboratorio. De repente, una sombra alta se proyectó sobre ella. No tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió la suave tela de un traje lujoso rozarle la espalda y, un instante después, unos brazos firmes se cerraron alrededor de su cintura. Era Jinshi. Apoyó la barbilla en la parte superior de su cabeza. Desprendía un aroma a incienso fino y sándalo, que era un marcado contraste con el olor a hierbas de Maomao.
"¿Qué estás preparando, boticaria?", susurró Jinshi, su voz baja y sensual, haciendo que un escalofrío recorriera la nuca de Maomao, aunque se obligó a mantener la calma.
Maomao suspiró, sin dejar de moler las hierbas, pues detenerse arruinaría la textura. "Un ungüento para las picaduras de insectos. Y, por favor, suélteme, Maestro Jinshi. Necesito mis brazos para trabajar. Además," añadió con su habitual tono seco, "si sigue invadiendo mi espacio, podría contaminar mis ingredientes con el polvo de sus ropas y arruinar el lote."
Una risa suave y profunda vibró contra su espalda. "Qué cruel eres, Maomao. Un simple abrazo de este humilde servidor contaminaría tu preciado ungüento," bromeó Jinshi, pero no la soltó. En cambio, su abrazo se hizo un poco más firme, una silenciosa afirmación de su presencia. Podía sentir la curva de su sonrisa, esa sonrisa cautivadora que usaba con tanta frecuencia para manipular a la gente... y solo para molestarla a ella.
"Me temo que sí," replicó ella sin emoción. "Además, el roce de su cara perfecta puede distraer a la boticaria. Es importante concentrarse en las proporciones exactas."
Jinshi se inclinó para mirar las hierbas en el mortero, con sus ojos de un hermoso color violeta intenso brillando con una diversión maliciosa. "Si la boticaria se distrae, tal vez deba compensarla por el tiempo perdido. Tal vez con más ingredientes raros... o un poco de tiempo para estudiar un nuevo veneno exótico."
Maomao, finalmente, detuvo el movimiento de su mortero. La mención de venenos siempre conseguía captar su atención. Una mínima, casi imperceptible, sonrisa tiró de las comisuras de sus labios.
"De acuerdo," dijo, sin intentar zafarse del abrazo. "La contaminación ha sido notada, y espero el pago. Pero si me permite girarme..."
Antes de que pudiera terminar la frase, Jinshi se inclinó aún más. Sus ojos violetas se encontraron con los de ella, y por un instante, el tiempo pareció detenerse. La astucia de Jinshi se disolvió en una mirada de una ternura inesperada, y Maomao sintió un vuelco en el estómago, una sensación desconocida que le recordaba a la ingestión de un veneno raro y delicioso.

Sus labios se encontraron. Fue un beso suave al principio, apenas un roce, pero la calidez de Jinshi la envolvió, y Maomao, para su propio asombro, no se resistió. Cerró los ojos por un instante, sintiendo el delicado sabor y la familiaridad del contacto. Fue un lapso, un segundo fuera de sí misma, donde la lógica y las hierbas se desvanecieron.
Pero la tregua duró poco. Apenas Jinshi profundizó un poco el beso, la mente de Maomao volvió a su lugar con un estruendo. ¡¿Qué estaba haciendo?! ¡¿Besando a un hombre guapo que además era un príncipe?! Abrió los ojos de golpe y, con un empujón sorprendentemente fuerte para su pequeño tamaño, logró apartar a Jinshi.
"¡Maestro Jinshi!", exclamó, con el rostro ahora completamente sonrojado y el aliento agitado. Sus manos se aferraron al mortero como si fuera su única ancla en un mundo repentinamente de cabeza. "¡¿Qué cree que está haciendo?! ¡Esto es inaceptable! ¡Es una falta de respeto a la boticaria y al proceso medicinal!"
Jinshi se tambaleó un paso hacia atrás, una sonrisa de oreja a oreja se extendía por su rostro. Sus ojos de color violeta intenso brillaban con una alegría casi infantil. Se llevó un dedo a los labios, como si saboreara el momento.
"¿Inaceptable? Creí que la boticaria disfrutaba de una buena... experiencia," dijo, con un tono burlón que hizo hervir la sangre de Maomao. "Además, el pago por la 'contaminación' ha sido entregado, ¿no crees?"
Maomao se levantó de un salto, su pequeña figura emanando una furia contenida. Señaló la puerta con el mortero en la mano, como si fuera un arma. "¡Fuera! ¡Ahora mismo! Necesito retomar mi trabajo, y su presencia, Maestro Jinshi, es una distracción que podría llevar a errores fatales en la dosificación."
Jinshi se rió de nuevo, una risa clara y melodiosa que reverberó en el pequeño taller. Sabía que había ido demasiado lejos, pero la reacción de Maomao era tan... ella. Se acercó un paso, pero la mirada asesina de Maomao lo detuvo.
"Muy bien, muy bien," dijo, levantando las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa no disminuía. "Me iré, boticaria. Pero volveré. Y la próxima vez, la compensación será aún mayor."
Con una última mirada llena de diversión, Jinshi salió del taller, dejando a Maomao de pie, con el mortero todavía en alto, el corazón latiéndole furiosamente y un calor persistente en sus labios que se negaba a desaparecer. Gruñó, volviendo a su trabajo con una energía renovada, mientras Jinshi, afuera, caminaba por el pasillo con la satisfacción de quien acaba de ganar una pequeña y dulce batalla.






Hola, mi comentario no es del fanfic, es de los links de los pdf de LOS DIARIOS DE LA BOTICARIA, el vol 08 pertenece a un volumen de Mi feliz matrimonio vol 08, porfa para corregir